domingo, 24 de febrero de 2008

Sobre la evaluación de aplicaciones multimediales

Alfonso Gutiérrez Martín señala en su artículo “Evaluación de la comunicación en las aplicaciones multimedia educativas”:

“En 1980, este autor (Papert (1980/1987)) defendía la tesis de que la principal función de los ordenadores en la escuela no es la de aumentar la calidad de los aprendizajes allí habituales, sino la de crear nuevas formas de aprender y nuevas condiciones de aprendizaje. Trece años después de escribir que los ordenadores modificarían drásticamente el aprendizaje escolar, Papert (1993) se lamenta de que los ordenadores hayan servido en la mayoría de los centros escolares para reforzar modelos de enseñanza-aprendizaje preexistentes.”

El análisis de los materiales didácticos remite, a mi juicio, a evaluar si su utilización “aumenta la calidad de los aprendizajes”. En este punto surge una coincidencia grande con Papert (nunca antes citado en los materiales bibliográficos) acerca de la necesidad de repensar la escuela como tal, y no sólo de repensar qué podemos hacer con estas tecnologías en las escuelas. Por lo tanto, si bien es pertinente la utilización de la tecnología en el aula, y la importancia de evaluar los materiales que usaremos en ella, es fundamental también que no nos descuidemos de pensar en que este modelo escolar está caduco, y no lo salvaremos ni con el uso de tecnologías en el aula.

Coincido con la pregunta de si la utilización de tecnologías en un trabajo en particular le asigna a éste una diferencia cualitativa y cuantitativa, pues la uso con mucha frecuencia. Si uso el computador para realizar lo mismo que ya estaba haciendo sin él, simplemente estoy cambiando una herramienta por otra, y no utilizando sus potencialidades para generar cosas distintas. Esta reflexión me acompaña desde hace 15 años, en que trabajo en el ámbito de las tecnologías y la educación, ya que he visto su utilización para vender una propuesta como innovadora. No se trata, a mi entender, cambiar una pizarra por una pantalla. Se trata de redimensionar la escuela en clave de esta nueva sociedad en que vivimos. (¿Existirá la escuela en el futuro?)

En este sentido, sigo con atención la implementación del proyecto OLPC (Un laptop por niño, llamado en Uruguay Plan Ceibal) donde la postura es que la incorporación de la computadora en el aula, a una por niño, desarrollará un cambio significativo en el proceso de aprendizaje. Coincido con que el cambio es grande, que ha modificado estrategias de aula y posibilidades en los alumnos y sus familias. Pero también he visto que se les pide a los alumnos que copien en el procesador una tabla que estaba escrita en la pizarra. ¿Qué cambio significativo es ese?

Entonces, cuando evaluamos los materiales, estamos evaluando una instancia específica del proceso de aprendizaje (¿o de enseñanza?). No estamos evaluando la educación en sí misma. Simplemente, es importante que lo tengamos presente...

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